Monseñor Garachana llama a vivir el verdadero sentido cristiano de la Semana Santa

Monseñor Garachana llama a vivir el verdadero sentido cristiano de la Semana Santa

San Pedro Sula.- En el tradicional mensaje de cuaresma, monseñor Ángel Garachana Pérez, obispo de la diócesis de San Pedro Sula, hizo un llamado este jueves a los hondureños a vivir el verdadero sentido cristiano de la Semana Santa. A reflexionar y no solo vacacionar en estos días que se tiene que vivir en comunión con Dios.

A los políticos los invitó a que en estos días miren la persona de Jesucristo, lo que a le hicieron y como él reaccionó y contemplándolo a él aprendan a amar al pueblo, a servir al pueblo, a trabajar por la justicia, no en sistemas injustos a trabajar por los pobres y los sufridos.  

Garachana destacó las palabras el Papa Francisco dijo mediante una carta que publicó hoy a los católicos, y que está inspirada en la juventud. “Cristo vive, esperanza nuestra; él es la más hermosa juventud en este mundo.

Todo lo que él toca se vuelve joven, se hace nuevo y se llena de vida”, calificó el obispo. Agregó: “Él vive y te quiere vivo, hay que proclamar esta buena noticia porque (Jesús) es el fundamento de la fe”.

El obispo de la diócesis de San Pedro Sula, pidió promover valores y no solamente el turismo, porque preguntó ¿qué pasará al regresar de la Semana Santa?

Recordó que las celebraciones litúrgicas, el viacrucis, las procesiones, las dramatizaciones, las alfombras y todo tiene una clara y única finalidad: la persona de Jesucristo.

Dijo que si los Cristianos olvidan en a Jesucristo o no renuevan su comunión con él, “la Semana Santa será otra cosa, pero no será una ‘santa semana’ por ausencia del santo y del santificador”.

En la Semana Santa los cristianos realizan las actividades que muestran la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios cuando vivió como hombre.

Programación Semana Santa

Mensaje de Semana Santa 2019

Estimados Hermanos en la fe o en la común dignidad humana: el día dos del presente mes, el Papa Francisco hacía pública su carta a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, carta inspirada en el Sínodo sobre los jóvenes y la fe (octubre 2018) y la Jornada Mundial de la juventud (enero 2019). Y así comienza el mensaje del Papa, que hago mío:

“Cristo vive, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud en este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada a cada uno de los jóvenes cristianos son: Él vive y te quiere vivo”.

Hay que proclamar la actualidad de esta buena noticia porque es el fundamento de la fe y “porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo solo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años… El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz”.

Decir Semana Santa es decir Jesucristo. Las celebraciones litúrgicas, el viacrucis, las procesiones, las dramatizaciones, las alfombras…, todo tiene una clara y única finalidad: la persona de Jesucristo. Todo se refiere a Él, a su vida, pasión, muerte y presencia viva hoy. Todo debe llevarnos a Él, “a conocerlo a Él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos” (Fil 3,10-11).

Si olvidamos a Jesucristo o no renovamos nuestra comunión amorosa y vivificadora con Él, la Semana Santa será otra cosa, unas vacaciones de verano, un reencuentro familiar, un espectáculo turístico… pero no será una “Santa” semana, por ausencia del Santo y Santificador. Seguimos usando unas palabras a las que hemos vaciado de su verdadero sentido. En estos días de Semana Santa lo verdaderamente importante no es lo que dejamos de hacer, trabajo y estudios, sino en qué y cómo ocupamos ese tiempo. ¿Va a ser simplemente un tiempo de descanso y diversión veraniega o, lo que sería más grave, de desorden moral? ¿O va a ser un tiempo de profunda motivación espiritual que nos lleve a un cambio de vida personal, familiar y social?

Yo te invito a que concentres tu mirada, tus pensamientos y sentimientos, tu voluntad y tus acciones en Jesucristo: en su pasión, muerte y resurrección para que aprendas a amar y a ser libre, a sufrir y a vivir. La Semana Santa es como un gran sacramento del amor de Jesucristo. Su pasión y muerte son la expresión máxima de su amor. Solo el amor lo llevó a esos extremos. “Nosotros somos salvados por Jesús, porque nos ama. Podemos hacerle las mil y una, pero nos ama y nos salva. Porque solo lo que se ama puede ser salvado. Solamente lo que se abraza puede ser transformado. El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, que todas nuestras fragilidades y que todas nuestras pequeñeces”.

Toda la vida de Jesucristo es una historia de amor, entregado, concreto, creciente. Su misma persona es don del amor del Padre. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo” (Jn 3,16). “Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo: “el que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1). Y amar hasta el fin es amar hasta entregar la vida. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Y precisamente Jesús declara que para eso ha venido: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por todos” (Mt 20,28). A lo largo de esta Semana Santa repite una y otra vez las palabras de San Pablo: “vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a si mismo por mí” (Ga 2,20)

La finalidad última de la muerte y resurrección del Señor es nuestra salvación. “Por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo…”, confesamos en el credo. Todos somos pecadores y estamos incapacitados para salvarnos a nosotros mismos pero no estamos abandonados al poder de la muerte sino que ahora Dios nos salva gratuitamente por su bondad en virtud de la redención de Jesucristo (Rm 3,21-26). Mira a Jesucristo, aférrate a Él, déjate salvar, porque quienes se dejan salvar por Él son liberados el pecado, de la tristeza, del vacío interior, de la desesperanza. Y encuentran las más profundas motivaciones para una vida nueva.

Con Jesucristo se puede arrancar el egoísmo del corazón y amar como Él nos ha amado; con Él se puede transformar la tristeza y decepción en alegría y esperanza; con Él se puede encender la luz de la verdad en las alturas y en las bajuras de la mentira y la corrupción; con Él se pueden superar relaciones de inequidad y consolidar comportamientos y estructuras justas; con Él se pueden formar familias que sean comunidad del amor entregado y santuarios de vida; con Él se puede purificar y renovar la Iglesia, para que sea fiel a su vocación y misión. Con Él, “porque cualquier otra solución será débil y pasajera. Quizá servirá para algo durante un tiempo y de nuevo nos encontraremos desprotegidos, abandonados, a la intemperie. Con Él, en cambio, el corazón está arraigado en una seguridad básica, que permanece más allá de todo”.

Vive la Santa Semana con Cristo que, por amor, se entregó hasta el final para salvarnos.

+ Ángel Garachana Pérez, CMF Obispo de San Pedro Sula

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