Stephen Curry: el niño rico que escucha a Taylor Swift y es el nuevo rey de la NBA

Con diferentes herramientas, estéticas, motivaciones y entornos, dos deportistas sin intersecciones apreciables pueden coincidir en la reacción ante un obstáculo parecido, resolver el entuerto e impresionar de manera comparable, con 30 años de distancia. Una especie de convergencia con un viaje del DeLorean de por medio. Pueden improvisar una respuesta equiparable sobre un campo gravitatorio similar, con un manejo del espacio-tiempo a disposición solo de ciertos elegidos.

En marzo de 2015, sobre el parqué del Oracle Arena de Oakland, Stephen Curry se ve acorralado por hasta cuatro defensores de Los Angeles Clippers (Chris Paul, Spencer Hawes, Matt Barnes y DeAndre Jordan). Le cierran el paso en apenas una cuadrícula de parqué mientras su compañero Bogut se queda a medio camino entre el bloqueo y el estorbo, justo antes de tomar la sabia decisión de huir del tablado. Gracias a un portentoso manejo del balón, Curry, entre escorzos y reversos, consigue salir de la emboscada en el mismo espacio donde vive un chotis y concluye el show con un triple frontal.

Con el mismo toque, con el mismo duende, una tarde de octubre de 1986, en el Estadio Ramón de Carranza de Cádiz, a Mágico González le salió uno de sus mejores trucos de magia futbolística en todo su repertorio vital. Recibió un balón perfilado hacia la derecha y en el espacio de unas cuantas matas de hierba quebró y recortó a tres defensas del Racing de Santander sobre el borde del área, antes demarcar un gol de vaselina que nadie aún ha sido capaz de copiar.

Justo seis años antes de ese triple inolvidable contra los Clippers se escribía lo siguiente sobre Curry: «Su explosividad y condición física están por debajo de la media. No es un gran finalizador cerca de la canasta. Necesita mejorar considerablemente su manejo del balón. Si quiere tener un futuro en la liga debe desarrollar capacidades para ser base. No es un jugador del que puedas esperar que lidere a tu equipo. Tendrá un éxito limitado cuando llegue a la NBA». La descripción pertenece a uno de los informes sobre Stephen Curry (27 años, 1.91 de estatura) previo al draft de 2009.

Él mismo le puso voz a esta lista de inconvenientes para un anuncio publicitario rodado el pasado verano. La mutación posterior al informe resultó sigilosa en los primeros tiempos y ha sufrido un giro definitivo en las dos últimas temporadas. Entretenida la plebe en un revival del duelo Magic-Bird con la pareja Lebron James-Kevin Durant, mientras tanto, agazapado en San Francisco empezaba a crecer lentamente la figura de alguien que ha entrado en el panteón de los inmortales sonriendo y mordiendo el protector bucal.Stephen Curry NBA 2

Jabbar, Magic, Bird, Jordan, Bryant, O’Neal, James o Durant son ejemplos de talentos descubiertos casi en pediatría. Todos pasaron su adviento correspondiente, una espera jubilosa y vigilante a la expectativa de que se confirmara la profecía. A Curry, sin embargo, nadie le hizo vigilia, ni lo señalaron como el esperado redentor. Manifestó toda su grandiosidad en silencio y sin apenas sospechas.

Esta temporada el base de los Warriors ha promediado 31,8 puntos por partidoantes de Navidad, durante las 26 victorias cosechadas por su equipo en los primeros 27 encuentros de la liga regular. Con todo el descanso recibido en los últimos cuartos, con partidos ya decididos, su ratio anotador se eleva a 0,91 puntos por minuto jugado. De los 13 mejores cañoneros de la NBA, nueve juegan más minutos que Curry. Absorbe el 40,6% de la posesión del equipo cuando está en pista, muy poco comparado con James Harden (48,1%) o LeBron James (52,6%). Supera el triángulo mágico de 40% de acierto en tiro de tres, 50% de dos y 90% en tiros libres. Y además de todo eso es capaz de coger más de cinco rebotes, repartir seis asistencias y robar dos balones por encuentro. Muy pocas veces se ha visto algo así en la NBA. Desde que se instauró la línea de tres puntos, 33 jugadores han promediado más de 30 puntos por partido en una temporada, Curry es el que menor porcentaje de lanzamientos por posesión acumula y el que menos minutos está en pista de todos ellos.

Una imaginaria e impagable enciclopedia de ritos y geografías de las grandes estrellas del baloncesto, situaría los primeros cultos y actos ceremoniales baloncestísticos referidos a la rama Curry en la localidad de Grottoes (Virginia). Allí, Wardell Curry, su abuelo, tuvo un día la feliz idea de construir una canasta de baloncesto. Un viejo poste de electricidad, un tablero de fibra de vidrio y algunos soportes de acero fueron los materiales. En ese escenario, su hijo Dell y su nieto Stephen pulieron dos de las mejores mecánicas de tiro de las últimas décadas en la liga.

Ese artilugio casero retó a ambos a construir el molde hacia la perfección. Era un canasta llena de taras y trampas que solo dejaba pasar al balón si no había contacto con la circunferencia metálica. Cada lanzamiento era un desafío. Para afrontar una batalla de tales características la precisión y la creatividad fueron las armas que usó Stephen Curry para salir victorioso, aunque, como alguna vez ha recordado su tía Jackie, hubo tardes que finalizaron en lágrimas, reconociendo la victoria de aquella cruel canasta fabricada por su abuelo. Precisión y creatividad, he ahí dos vectores importantes a tener en cuenta.

Su excepcional precisión en el tiro se explica a partir de diferentes consideraciones: su mecánica se prolonga durante0,4 segundos, frente a una media de 0,6 de los mejores lanzadores de la liga, cuestión fundamental para entorpecer la guardia de sus defensores. Otro aspecto relevante: Curry apenas levanta los pies del suelo cuando se encara hacia el aro, por tanto la fatiga se reduce y preserva la puntería. El porcentaje de tiro del MVP de la pasada temporada es de casi el 54% de acierto cuando su defensor está a menos de medio metro de distancia. Su método para lanzar a canasta es la culminación de un proceso en el que su padre tecleó y perfiló matices hasta hacerlo perfecto, corrigiendo el tirón de cintura con el que impulsaba sus tiros de niño, debido a la poca fuerza de la que disponía. La cresta de parábola con la que los lanzamientos de Curry entran en el aro ronda actualmente los 45-46 grados, el ángulo perfecto según todos los teóricos. LeBron James, por ejemplo, utiliza un arco un 10% menor que el de Curry, lo que le concede un área de enceste 19% menor.

EL INODORO MÁGICO. Hasta aquí la explicación académica a cómo es posible semejante acierto y capacidad anotadora. Hay quien apunta la importancia de sus baños en agua con sal de Epsom (sulfato de magnesio, que acelera la recuperación muscular) para explicar su eclosión. En su ensayoEl Elogio de la Sombra, un manifiesto sobre la estética japonesa, Junichiro Tanizaki recoge las palabras del novelista Natsume Soseki, que señalaba «entre los grandes placeres de la existencia el hecho de ir a obrar cada mañana». Pues la teoría más excéntrica sobre el excelente rendimiento de Stephen Curry en las últimas semanas apunta al regalo de un inodoro automático por parte de su mujer. Imaginamos que de tecnología japonesa, con el chorro incorporado. Hay quien ha publicado estadísticas que demostrarían que el nivel de Curry ha dado otro salto desde que usa ese váter para ir al baño.

Dell Curry, el padre de Stephen, ganó 19,3 millones de dólares en salarios durante sus catorce temporadas en la NBA, por lo que la biografía de su hijo Stephen se enmarca en una lujosa mansión, rodeado de pistas de tenis y con cualquier capricho a su alcance. El origen acomodado de la familia ha agriado la aceptación que Stephen Curry tiene entre iguales. Su perfil está muy lejano al afroamericano de su generación, acosado por el lumpen callejero que marca la biografía dominante del jugador de la NBA.

Rivales como Chris Paul, James Harden o LeBron James no le han mostrado aún el respeto que merece su último año y medio de carrera. No lo consideran uno de los suyos por tono de piel, por cultura de formación, diferencias sociales y por percibirlo como un niño de papá. Los gustos musicales de Curry no debaten ni mucho menos entre la costa este y oeste del hip-hop, más bien se dirimen entre Carly Rae Jepsen, Taylor Swift y el Gangnam Style. Su película favorita no esScarface (El precio del poder) sino Mi gran boda griega. Por eso aunque la prensa eligió a Curry como unánime MVP de la temporada 2014/15, fue James Harden el vencedor en una encuesta realizada entre los propios jugadores.

En su entorno de niño bien fue su madre Sonya quien puso el contrapunto a las tentaciones de los excesos. Sonya es criolla, de origen haitiano, y profundamente religiosa. Las gafas de sol y los auriculares estaban prohibidos en el domicilio familiar, además de la humildad y la insistencia en que nunca se perdiera el contacto con la gente. Sonya es la directora del colegio Montessori en Charlotte, una franquicia que, además de enseñar, trata de potenciar la inteligencia y la parte psíquica del alumno: «El primer fundamento del desarrollo de un niño es la concentración. Un niño que es capaz de concentrarse es inmensamente feliz», decía la fundadora María Montessori.

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