Extraordinaria mujer hondureña cambia llantas

Desde hace seis años, Heidy se dedica a desarmar y armas llantas de carros y motos; apenas pesa unas 110 libras y mide 1.60 metros de estatura, pero es capaz de levantar llantas con mucho peso, aunque llantas en ocasiones se las ve “a palitos” para montarlas en la máquina para desarmarlas.

Quienes pensaban que los trabajos pesados son exclusivamente para los hombres, están completamente equivocados, pues hay muchas madres solteras que hacen este tipo de trabajos.

Heidy Yolanda Flores González (24), es una de estas ejemplares madres solteras con dos hijos: Cristopher, de siete, quien está en segundo grado de la escuela; y Sebastián, de dos años.

“Aquí vienen muchos clientes, porque les hacemos un trabajo y a precios módicos, ya que por reparar una llanta de carro cobramos 30 lempiras y por una de motocicleta, 50 lempiras”, apuntó.

Esta compatriota relató que ella se graduó de bachiller en Ciencias y Humanidades, comenzó a buscar empleo en varias empresas y en el gobierno, pero solo le decían que la iban a llamar, lo que nunca sucedió.

Estaba preocupada

Don Felipe Flores (67), papá de Heidy, al verla muy preocupada porque no conseguía empleo, un día le dijo: “Hija, no te preocupés por seguir buscando trabajo, porque allí están esas máquinas para que probés reparar llantas aquí en la casa”.

Ante la oferta de su progenitor, ni corta Ante la oferta de su progenitor, ni corta ni perezosa, al siguiente día decidió abrir el portón del garaje, donde colocó un rótulo con el que anunciaba: “Se reparan llantas”, y recuerda que el primer cliente que llegó fue un taxista, quien se sorprendió al verla sacándole las tuercas a la llanta para repararla.

“Ahora ya tengo práctica para reparar llantas, porque la fuerza que empleo es más mental que física; pero aun así hay ocasiones en que le pido ayuda a mi papá para levantar alguna llanta o para despegarla, pero eso es muy raro que lo haga”, dijo la madre ejemplar.

“A mi padre se le hace más fácil levantar objetos pesados, también porque ha sido maestro de construcción y laboró por varios años de conductor de rastras y furgones, y al no tener una jubilación, la llantera es una bendición de Dios”.

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