lunes, abril 15, 2024

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En Honduras las pandillas incursionan en centros nocturnos

Tegucigalpa

Una joven manicurista relata cómo ha tenido que permitir que su hijo de ocho años reciba “apoyo” de los miembros de una clica que es dueña y señora de la populosa colonia Estados Unidos, donde reside en Tegucigalpa, la capital.

Adriana, cuenta como el pequeño Josué es proveído de útiles para la escuela, ropa, calzado, juguetes y otras atenciones. El niño tiene que mostrarles a los jefes de la pandilla sus buenas calificaciones y además dar aviso de cualquier movimiento “extraño”, ajeno al entorno de la zona que él detecte.

“Él les avisa a los chicos (clica), si a la colonia llega algún carro extraño, si traen vidrios oscuros, si vienen patrullas o si anda gente que nunca hemos visto”, cuenta la madre un tanto resignada a que Josué recorra un camino, casi inexorable, para formar parte de la pandilla. Probablemente el acento en su preparación académica, sea el comienzo de la trayectoria que le permitirá colaborar con mayores conocimientos dentro de la clica.

El portavoz de la Policía Nacional, Leonel Sauceda, explica a Proceso Digital que una de las características de las pandillas es reclutar jóvenes integrantes que más tarde se conviertan en profesionales a sus servicios. Detalló que las principales pandillas que operan en Honduras son la MS-13 y el Barrio 18, las cuales buscan formar abogados que les faciliten sortear procesos judiciales y recobrar su libertad en caso de caer en la cárcel.

Igualmente, forman médicos que puedan servirles cuando sufren atentados o son heridos en enfrentamientos con organizaciones rivales; ingenieros y expertos en telecomunicaciones a los que puedan utilizar para tener controles informativos y administradores de empresas que puedan manejar de buena forma sus finanzas y los recursos producto de sus actividades ilícitas.

Leonel Sauceda refiere que las principales actividades de las pandillas en Honduras son la venta y distribución de drogas así como la extorsión, conocida popularmente como “impuesto de guerra”, delitos que se combaten con políticas preventivas que se han implementado en Honduras desde 2014 y que van aparejadas de operaciones policiales, que han logrado disminuir parcialmente el accionar de estas redes.

En 2015, recuerda Sauceda, las fuerzas del orden detuvieron a más de 600 pandilleros de los cuales al menos 50 eran peligrosos y temidos cabecillas, la mayoría de los cuales guardan prisión en cárceles de máxima seguridad, detalló.

Mientras pinta unas uñas, Adriana dice que la única forma de evitar que el pequeño Josué fuera integrado a la “familia” de la clica, era permitiendo que su otro hijo, de 12 años, ingresara de lleno a la pandilla, para participar en “trabajos” con mayor énfasis criminal y no solo como informante.

Casos como el de esta mujer y sus hijos, son comunes en los barrios y colonias de la capital hondureña así como en la norteña San Pedro Sula y en toda el área metropolitana del Valle de Sula, donde el reclutamiento de las principales pandillas no cesa.
Zonas denominadas calientes como Chamelecón, Rivera Hernández, Planeta, San José 5 y Satélite en el norte hondureño, han sido recuperadas en gran parte por la acción del Estado. Igualmente, en Tegucigalpa y su gemela Comayagüela, colonias como La Flor del Campo, Pedregal, San Isidro, Cañada y La Peña, muestran mejoría y un mayor control de la autoridad aunque las pandillas no dejan de operar en esos sectores.

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