Los estudios sitúan a los españoles entre los más infieles de Europa, con una media de 2,3 aventuras anuales. Ésa fue la idea que llevó a José Antonio Muíño, de Durmet, a crear un colchón que fuera capaz de detectar y avisar de que se está desarrollando una actividad sexual sobre él.
El sistema de detección (Lover Detection System), creado por el ingeniero Iván Miranda, se basa en 24 sensores ultrasónicos distribuidos en seis columna y cuatro filas colocados en el interior del colchón, en concreto, aprovechando los conos de los muelles. Un algoritmo se encarga de determinar si los movimientos que detecta se corresponden con actividad sexual. Cuando la detecta envía una alerta al usuario, que puede abrir la app para comprobar el movimiento, la intensidad… e incluso un historial.
La identificación de la actividad es clave. Si no se realiza bien, el sistema podría dar alertas cuando se sube una mascota a la cama o cuando se sienta cualquiera sobre el colchón. “Ni te imaginas las pruebas que hemos hecho para comprobar que el sistema funciona”, comenta Iván Miranda. ¿Incluso diferentes posturas o tríos? “Por supuesto: posturas, zonas de la cama… Lo de tríos fue más para ver cómo respondía el sistema”.
Los sensores y el módulo de comunicación se alimentan con una batería extraíble oculta en la parte de la cabecera que tiene una autonomía de una semana y se carga por USB.
Durmet lleva años como distribuidor de colchones, pero comenzó a fabricarlos hace cuatro años. Tiene en su catálogo diversos modelos, y lo que esperan conseguir con este Smarttstress es dar a conocer la marca.
El precio es de 1.550 euros para el de 135 x 190 y llega a los 2.050 euros para el de 150 x 200 centímetros.
Tegucigalpa – Los precios de los combustibles tendrán un nuevo se incrementa a partir del próximo lunes a las 6:00 de la mañana, informó la Secretaría de Desarrollo Económico a través de la Comisión Administradora del Petróleo (CAP).
Precios para San Pedro Sula
La gasolina superior sube 0.30 centavos, de 76.56 pasa a 76.86 lempiras el galón. La gasolina regular que se compraba a 70.66 ahora se pagará en la bomba a 71.08 lempiras por galón, se pagará 0.42 centavos más.
El kerosene se incrementa 0.23 centavos, de 38.46 pasa a 38.69 lempiras por galón.
De su lado, el diesel, aumenta 0.04 centavos, de 56.58 pasa a 56.62 lempiras por galón.
El GLP doméstico mantiene su valor a 33.41 lempiras; no así el GLP vehicular que baja 0.09 centavos, de 30.77 pasa a 30.68 lempiras por galón.
El cilindro de gas LPG de 25 libras que usan las amas de casa, conserva su valor a 196.47 lempiras.
Precios en Tegucigalpa
La gasolina súper sube 0.30 centavos, de 78.35 pasa a 78.65 lempiras el galón. En tanto la gasolina regular que se compraba a 72.52 ahora se pagará en la bomba a 72.94 lempiras por galón, es decir 0.42 centavos más.
El kerosene se incrementa 0.19 centavos, de 40.31 pasa a 40.50 lempiras por galón.
De su lado, el derivado del petróleo más usado en Honduras, el diesel, aumenta 0.04 centavos, de 58.44 pasa a 58.48 lempiras por galón.
El GLP doméstico mantiene su valor a 36.19 lempiras; no así el GLP vehicular que baja 0.09 centavos, de 33.55 pasa a 33.46 lempiras por galón.
El cilindro de gas LPG de 25 libras que usan las amas de casa, conserva su valor a 212.82 lempiras.
De acuerdo al reporte internacional, los precios del crudo se han cotizado esta semana por encima de los 42 dólares por barril, su valor máximo en cuatro meses.
Nos hemos adaptado al medio, adaptando el medio a nosotros. Somos parte de cada especie, de cada árbol, de cada animal. Todo es la consecuencia de nuestra adaptación, de la desubicación del entorno ante una velocidad de cambio para la que no estaba preparado. La naturaleza, la originaría, no existe. Existe nuestra naturaleza.
Por eso, los científicos han denominado a esta etapa como Antropoceno o Era del Hombre, una nueva era geológica que se caracteriza por la acción global del ser humano sobre el medio ambiente. “Sólo un cuarto de la tierra del Planeta es virgen. Las selvas, los bosques… los hemos modificado. El 90% de los animales tienen una huella antropogénica”, asegura Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Málaga y uno de los ponentes de las conferencias sobre Antropoceno que se celebran en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, desde este jueves 14 al 26 de mayo.
Antropoceno. La revolución silenciosa reúne a cinco especialistas que debatirán sobre la huella del ser humano en el planeta y sus consecuencias. “Esta época, además de las obvias, tiene implicaciones filosóficos, morales y políticas. No creo que la situación sea tan desesperada como anuncian los ecologistas pero, aunque desde hace unos años se observa una concienciación mayor por parte de la sociedad, necesitamos de decisiones a nivel internacional”, añade Arias Maldonado.
Según los científicos, la Era del Hombre comenzó hace más de dos siglos, en el año 1800, aunque el término no es propuesto hasta el año 2000 por el químico holandés Paul Crutzen y el biólogo norteamericano Eugene Stoermer. “Desde entonces la influencia del ser humano en la naturaleza se ha hecho más evidente. Está claro que el Planeta que veía Parménides no tiene nada que ver con el nuestro, miraba algo distinto”.
Además, la innovación tecnológica ha conseguido que podamos comprobar quégrado de influencia tenemos sobre los cultivos, sobre los animales, sobre el aire. “Disponemos de medidores que nos indican los agentes químicos de cada lugar. Tenemos que tener en cuenta que sólo la contaminación ya supone una influencia sobre el medio y las especies. Está claro que hemos modificado el medio ambiente, una de las consecuencias más llamativas es el cambio climático“.
Manuel Arias Maldonado sostiene que las consecuencias de esta influencia no preocupan a la población, ni a la mayoría de los dirigentes políticos, porque, muchas, sólo se observan a largo plazo. “Cuando ocurra no estaremos aquí, aunque ya se pueden observar cambios”. No pensemos sólo en la desertización del planeta, la extinción de animales y la falta de recursos. Aunque estos aspectos son los más preocupantes, los cambios que se producen por las acciones humanas abarcan todos los ámbitos. “Por ejemplo, ¿qué ocurriría con España si las temperaturas subieran en los países del norte de Europa? Se produciría hasta una consecuencia económica para este país, afectaría al turismo ya que las temperaturas de estos países serían más agradables”.
Pero, ¿qué hay que hacer para paliar este daño y sanear el medio ambiente?. “Pues hay varias teorías. La primera es la más romántica, la de los ecologistas de los años 60: retirarse de la naturaleza, abandonar el capitalismo y volver a las pequeñas poblaciones”, explica Arias Maldonado. Otra opción, según los expertos, sería la de apretar el acelerador y conseguir que las innovaciones tecnológicas nos ayuden a no dañar la naturaleza y que esta se vaya recuperando. “Entre estas dos, se encuentra la de seguir como estamos cambiando pequeñas cosas, ayudándonos también de la innovación”.
La frontera que nos permite distinguir dónde terminamos nosotros y empieza el resto del mundo desaparece bajo los efectos del LSD o ácido, un fenómeno conocido como disolución del ego. Para comprender qué sucede en el cerebro en esos momentos, una quincena de voluntarios se sometió a una resonancia magnética después de haber tomado esta droga psicodélica. Los resultados del estudio, publicado en la revista Current Biology, arrojan luz sobre el mecanismo de acción de una sustancia que fue muy utilizada en los años 50 y 60 en Psiquiatríay una seña de identidad del movimiento hippie.
La disolución del ego “no es un estado disminuido o reducido de conciencia, como sucede durante el sueño o la anestesia”. Así lo describe a EL MUNDO Enzo Tagliazucchi, autor del estudio e investigador del Royal Netherlands Academy of Arts and Sciences de Ámsterdam. Incluso “puede conducir a un estado plenamente consciente en el cual la consciencia de nosotros mismos se confunde con la consciencia de nuestro entorno“, explica. Niega que la disolución del ego, en sí misma, entrañe algún peligro pero reconoce que puede “causar aprehensión y ansiedad en individuos que no están preparados para esta experiencia, en especial, en aquellos que deseen controlar el viaje de LSD y encuentren, para su gran frustración, que no pueden hacerlo”.
Las drogas psicodélicas alternan la percepción de la realidad, “pero la realidad que experimentamos mientras estamos despiertos, en gran medida, es también una ilusión“, concluye Enzo Tagliazucchi en un comunicado. Su deseo es seguir usando este tipo de sustancias para investigar y mejorar el conocimiento sobre el estado de consciencia durante el sueño, la anestesia y estados de coma.
Mayor conexión entre áreas cerebrales
La sensación que experimentan los consumidores de LSD es fruto de una mayor conexión e intercambio de información entre ciertas regiones del cerebro involucradas en tareas intelectuales. “En condiciones normales, nuestro cerebro se basa en redes independientes que realizan funciones especializadas por separado, como ver, moverse u oír”, explica a EFE el coautor de la investigación, Robin Carhart-Harris, del Imperial College de Londres. Sin embargo, añade, “bajo los efectos del LSD la separación entre estas redes se rompe y, en su lugar, vemos un cerebro más integrado o unificado“. También se han observado cambios en zonas responsables de la sensación de abandonar el propio cuerpo.
Cabe preguntarse, entonces, si el LSD es capaz de aumentar de forma transitoria el potencial intelectual. “Existe amplia evidencia anecdótica de científicos y artistas que han utilizado el LSD y experimentando momentos claves de creatividad. Un caso conocido es el de Francis Crick, que descubrió la estructura del ADN, junto con James Watson. Y todos conocemos el caso de los Beatles. El problema es que esta gente ya era muy brillante y creativa. Desconocemos hasta que punto el LSD puede despertar creatividad en individuos más normales“, cuenta a este diario Tagliazucchi, que espera seguir realizando investigaciones en esta línea.
Posible aplicación terapéutica
Más fácil, en cambio, parece el destino del ácido como fármaco. “Creemos que drogas como el LSD pueden utilizarse para generar un ventana de oportunidad en la cual individuos con trastornos como ansiedad o depresión pueden reflexionar más profundamente sobre su condición y generar ideas a las que normalmente no podrían llegar“, asegura Tagliazucchi. En su opinión, la combinación de terapia y el uso de psicodélicos “podría generar un efecto prolongado en el tiempo”, lo que reduciría la frecuencia entre dosis.
Tres ejemplares observados en Manus Island, en Papúa Nueva Guinea, entre 2002 y 2012 han permitido describir una nueva especie de rata gigante: Rattus detentus. Entre sus méritos está el de haber permanecido escondida, a ojos de la Humanidad, durante miles de años. Hasta hoy.
Su morfología tiene similitudes con los restos de la época del Holocenoencontrados en esa misma zona, es decir, no se trata de una especie invasora. La última rata que se ha dejado ver pesa 430 gramos, aunque en la zona ya se han encontrado otras diferentes de hasta 1,5 kilos.
Aparte del gran tamaño, se caracteriza por su cola corta, pelos de punta en el lomo e incisivos robustos. Son los resultados de un estudio publicado en la revista Journal of Mammalogy.
Se desconoce, en cambio, en qué situación se encuentra la población de este tipo de ratas. No se ha conseguido localizar supervivientes en Manus Island, algo fundamental para identificar posibles factores que amenacen su supervivencia.
“Si queremos sobrevivir como especie debemos alcanzar otras estrellas”. Stephen Hawking cree que para perdurar, la civilización humana debería encontrar otros mundos habitables. Argumenta el astrofísico británico que nuestro planeta es vulnerable a amenazas como la nuclear, los virus genéticamente modificados o el calentamiento global. Aunque también ha advertido del peligro que supondría contactar con civilizaciones inteligentes extraterrestres, Hawking ha estado reflexionando sobre cómo podríamos llegar a otros planetas potencialmente habitables sin emplear los miles de años que serían necesarios con la tecnología actual. Y ya tiene un plan, que presentó el martes en Nueva York junto al magnate de las telecomunicaciones ruso Yuri Milner y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, dispuestos a aportar los primeros 100 millones de dólares para empezar a estudiar la viabilidad de ese viaje interestelar.
El proyecto, denominado Breakthrough Starshot (literalmente, disparo a la estrella), consiste en desarrollar un ejército de minúsculas naves (tan pequeñas que tendrían el tamaño de un chip de ordenador) que serían lanzadas hacia el sistema estelar Alfa Centauri a la búsqueda de planetas que, como el nuestro, puedan albergar vida. Pese a su reducidísimo tamaño, esas nanonaves espaciales podrían albergar los sensores, cámaras y componentes necesarios para hacer su trabajo y enviar la información de vuelta a la Tierra. Casi nada.
El sistema estelar Alfa Centauri es el más cercano a la Tierra, pero con los sistemas de propulsión convencional empleados por los cohetes en la actualidad, que se basan en combustibles químicos, harían falta, al menos, 30.000 años para llegar allí. Starshot reduciría dramáticamente el viaje hasta los 20 o 30 años años, pues las naves viajarían a 60.000 km/segundo, que es un 20% de la velocidad de la luz.
Para lograrlo, utilizarán la luz. Recurrirán a naves con velas fotónicas que serían impulsadas por un gigantesco láser que se instalaría en un lugar de la Tierra situado en altitud y con poca humedad, como el desierto chileno de Atacama. De hecho, el concepto sería parecido al radiotelescopio ALMA instalado allí.
La nave espacial más veloz construida hasta la fecha es la sonda New Horizons, de la NASA, que visitó Plutón en julio tras una década de viaje. New Horizons va a una velocidad de casi 60.000 km/hora, lo que le permitiría llegar al sistema de Alfa Centauri en 78.000 años”, calcula Pedro García Lario, responsable de la misiónHerschel en la Agencia Espacial Europea (ESA).
Parece el guion de una película de ciencia ficción, aunque en la espectacular iniciativa están involucrados, además del propio Hawking, científicos de prestigiosos centros de investigación y ex responsables de la NASA. Como director científico ha sido elegido Pete Worden, ex responsable del Instituto de Investigación AMES de la NASA, que contará con el respaldo de un panel de expertos entre los que están Martin Rees, Freeman Dyson (Princeton Institute of Advanced Study) o Avi Loeb ( Harvard).
La comunidad científica coincide en subrayar el enorme desafío, tanto tecnológico como económico, que supondría enviar esta misión a un sistema estelar en el que, como admite el propio Hawking, es difícil que haya planetas que alberguen vida. Los propios miembros del equipo son conscientes de “los importantes retos de ingeniería” a los que tendrán que hacer frente. Porque no sólo se trata de construir en tres décadas naves capaces de llegar a Alfa Centauri o a otra estrella cercana, sino también de transmitir la información que recaben a la Tierra. Y de conseguir los más de 10.000 millones de dólares que calculan que harían falta.
Objetivo: Alfa Centauri
Alfa Centauri se encuentra a una distancia de 4,3 años-luz (a 40 billones de kilómetros, que es 270.000 veces la distancia de la Tierra al Sol). Según explica Pedro García, Alfa Centauri es un conjunto de tres estrellas cercanas entre ellas y asociadas gravitacionalmente: “Que Alpha Centauri A y B forman un sistema binario es conocido desde 1689, mientras que Proxima Centauri fue reconocida por primera vez como la estrella más cercana a la Tierra en 1915”. Aunque es una de las estrellas más brillantes en el cielo, relata, no es visible desde nuestras latitudes, sólo desde el hemisferio Sur.
Hace tiempo que los astrónomos buscan planetas en este sistema, de momento sin éxito: “En 2012, usando el instrumento HARPS instalado en uno de los telescopios que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en el Observatorio de La Silla en Chile, se intentó la detección de posibles planetas. Midieron lo que parecían ser pequeñas variaciones en la velocidad con la que se mueven las estrellas que componen el sistema, que parecían indicar que podría haber un planeta orbitando Alpha Centauri B, solo un poco más grande que la Tierra, dando una vuelta alrededor de esta estrella cada 3,24 días”, recuerda el astrónomo.
“Desde entonces, otros grupos han intentado verificar la existencia de este planeta utilizando otros métodos (buscando tránsitos del planeta que ocultaran mínimamente la luz de la estrella al pasar) sin éxito. De hecho, un nuevo análisis de los datos originales usados en el estudio que dio lugar al hallazgo parece indicar que la detección no fue tal”, explica.
Pese a los resultados poco alentadores hasta la fecha, el científico de la ESA considera que “debido a su cercanía, Alfa Centauri parece el sitio ideal al que viajar si uno quiere comprobar in situ si otras estrellas similares al Sol podrían albergar planetas de tipo terrestre”
Por otro parte, David Barrado considera que la motivación del programa planteada por Hawking para lanzar la misión es errónea: “Una misión así no nos va a salvar porque es imposible colonizar esos posibles planetas”, reflexiona. “Lo que tenemos que hacer es cuidar la Tierra, con independencia de que invirtamos en tecnología y en averiguar qué hay más allá. El conocimiento es necesario pero no para que la Humanidad sobreviva”.
Miro a Rafael Nadal y no sé quién es. Sí, claro, sus gestos son los de siempre, porque sigue ahí ese español nasal con reminiscencias del cerrado catalán-manacorí que habla en casa. Parece él, porque su ceja sigue subiendo y bajando en ángulos inhumanos y porque los latiguillos -«evidentemente», «no te voy a mentir», «¿y tú qué piensas?»- son como aquel desodorante: no lo abandonan.
Pero no, ése que veo no es Rafael Nadal. Si antes su fe le servía para ganar partidos, ahora le sirve para consolarse tras derrotas impropias de él. Para engañarse acerca de lo que le está sucediendo.
Es una tarde de un sábado de febrero en Buenos Aires. Verano. La noche anterior, el cielo se cayó sobre la capital argentina con una tormenta eléctrica tan apocalíptica como la pregunta que una y otra vez me hacen los que saben que he seguido en persona a Nadal por todo el planeta durante más de una década y que hasta escribí un libro sobre su rivalidad y la de Roger Federer. Creen -les agradezco la confianza- que tengo respuesta para todo cuando el tema es Nadal.
«¿Está acabado Rafa?».
Le dicen «Rafa» incluso aquellos que no lo vieron más que en televisión, tan familiar y propio se les fue haciendo ese zurdo que juega al tenis como nunca nadie jugó antes y muy probablemente nunca nadie vuelva a jugar.
¿Está acabado? Yo también me lo vengo preguntando desde hace un tiempo.
En ese sábado porteño húmedo y agobiante -«un día va a ocurrir una tragedia», había dicho el día anterior un Nadal rojo como un tomate por el calor cercano a los 40 grados-, el que quizás sea el mejor deportista español de todos los tiempos se convirtió en fotocopia de sí mismo. Y a la impresora le faltaba toner.
Venía de tener un match point a favor ante el austríaco Dominic Thiem, un jugador de talento y proyección, pero no más que eso aún. El match point llegó con Thiem sacando 5-4 en el tercer set de las semifinales del Argentina Open, y así como llegó, se fue. Cosas que pasan, el que sirve siempre tiene más posibilidades de salvar una pelota de partido que de perderla. Normal.
Lo que no es normal es la forma en que Nadal perdió aquel 6-4, 4-6 y 7-6 (7-4) ante el más joven de los 20 mejores del mundo. Cuando llegó el tie break del tercer set, ese momento en el que la experiencia se hace valer, esos minutos en los que los años y años de tenis, los cientos y cientos de triunfos pesan tanto, Rafael Nadal se retrató con crudeza: doble falta en el primer punto.
Cualquiera comete una doble falta, aunque no todas tienen el mismo peso. Dependiendo del momento en el que se falle al apuntar hacia el rectángulo, errar dos saques consecutivos es anécdota o categoría. En los primeros compases de 2016, las dobles faltas y los tie break han marcado a Nadal, que perdió los dos desempates en su asombrosa derrota ante Fernando Verdasco en la primera ronda del Abierto de Australia, un partido en el que también hubo dobles faltas en instantes clave. Fue también un tie break el que precipitó su derrota en las semifinales de Río de Janeiro ante un jugador, el uruguayo Pablo Cuevas, que hasta hace poco difícilmente lo inquietara.
Ya no hay duda: camino a celebrar los 30 años de vida -más de dos tercios los pasó compitiendo-, Nadal está sintiendo la presión. Tiene miedo, un miedo saludable, humano, de no poder volver a ser el que fue. Ese miedo le agarrota el brazo en momentos clave, se incrusta en su mente cuando la presión por ganar el punto sube y le carga las piernas hasta anular una fortaleza histórica de su juego: la agilidad.
Y eso que él entra en la categoría de los especiales. Nadal está convencido de que para ganar mucho hay que nacer con ese «algo especial».
«Messi», ejemplifica, sabiendo a qué audiencia se dirige. «Maradona», añade, rindiendo a sus pies a la audiencia argentina. «Ninguno de ellos se hizo sólo trabajando. Para ganar mucho debes ser alguien especial, alguien que se distinga de los demás».
Ganar. Palabra clave. Mientras este año se cumple una década desde el último título mundial de Fernando Alonso en la Fórmula 1, el balance de Nadal es diferente. No puede sentirse mal con lo hecho. Fue, entre muchos otros logros, el mejor del mundo en 2008, en 2010 y en 2013. Si en los inicios de su carrera, Nadal era fanático de Alonso y seguía sus carreras estuviera donde estuviera y fuese la hora que fuese, con los años se fue distanciando del asturiano, que nunca mostró excesivo interés en acercarse al mallorquín. Más allá de afinidades personales o no, la distancia entre ambos terminó siendo abismal: uno culpó de sus fracasos sucesivamente a Renault, McLaren, Ferrari y McLaren, además de varios compañeros de equipos. El otro pocas veces busca excusas: «El gran artífice de los éxitos y de los malos momentos es el jugador».
Llegó muy lejos, claramente más de lo que él y los suyos esperaban, aunque en esas tardes de calor insoportable en Buenos Aires, Nadal dejara una frase que dice mucho viniendo de él: «Nadie gana eternamente».
Nadie. Pero lo que llama la atención en Nadal no es que no gane. Lo que asombra es que su juego se está deshilachando. A lo largo de la historia, muchos jugadores se fueron diluyendo sin dejar de ser quiénes eran. Nadal, en cambio, se va difuminando siendo cada vez menos Nadal. Sigue siéndolo cuando hay que jugarse la heroica, resistir y recuperar un punto imposible, pero deja de serlo a la hora de rematar situaciones en ventaja.
Perdido por perdido, Nadal saca conejos de su notable galera. Pero no le pidan regularidad, consistencia, eso que siempre tuvo y hoy no. Todo está extraviado en el laberinto de sus emociones. Cuando debe demostrar quién es, más de una vez falla como un principiante. Curioso, porque en su descomunal carrera prácticamente nunca lo fue. El Nadal de 16, 17 y 18 años que irrumpió asombrando al circuito era un joven que combinaba la mentalidad de marine con la confianza de un dios griego. Él era siempre el jefe. Dejar de serlo lo desorienta.
El Abierto de Argentina no es -«evidentemente», diría Nadal- uno de los torneos punteros del circuito. Es, más bien, un certamen chico, aunque repleto de pasión y espectadores. Por eso, y por otras razones, poner el foco en Buenos Aires para explicar el momento de Nadal tiene bastante sentido. Por ese torneo del verano argentino pasaron casi todos los Nadales, salvo el más arrasador.
El Nadal de febrero de 2005, 18 años de incontrolable adrenalina que se toparon con el más argentino de los argentinos, Gastón Gaudio, co-protagonista conGuillermo Coria de un partido que le pondría los dientes largos a cualquier psicoanalista: la final de Roland Garros 2004.
En aquellos cuartos de final de Buenos Aires, Gaudio derrotó al joven Nadal por 0-6, 6-0 y 6-1, un resultado que explica bastantes cosas. Lo que no cuentan esos números es que en aquella noche de viernes porteño los mosquitos se habían hecho un festín con los 5.000 pares de piernas y brazos en los bosques de Palermo; lo que tampoco puede inferirse de esas cifras es por qué Nadal, al regresar a Manacor, dijo que no le apetecía mucho volver a jugar en Argentina.
«No se sintió cómodo», explicó Toni Pastor, por esos años alcalde del pueblo de Nadal. Los argentinos, que a diferencia de los españoles siguen masivamente el tenis desde hace décadas, tengan o no una estrella, habían vuelto loco al joven y por entonces aún ingenuo visitante. En 10 minutos de partido, Nadal escuchó más ironías, chicanas y pullas que en toda su vida. Y el partido duró bastante más que 10 minutos.
Una década más tarde, Rafa Nadal regresó a Buenos Aires con una etiqueta clara e indiscutible, la de ser uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos. Ganó aquel torneo de 2015, una tirita en su autoestima después de caer sin atenuantes ante el checo Tomas Berdych en Australia. Sin atenuantes y lesionado, aunque jamás admitió que lo estuviera.
Un año después, tras la debacle en cinco sets con Verdasco, Nadal volvió a Argentina. Venía del peor año de su carrera, el primero desde su irrupción en lo más alto que cerró sin ganar un título de Grand Slam.
Llegó a Buenos Aires buscando otro esparadrapo emocional; partidos, victorias y un título que le ayudaran a recordar quién fue y le permitieran seguir creyendo que aún es.
La capital argentina es un buen lugar para buscar esas sensaciones. Cada vez que Nadal pisa Buenos Aires, los estadios se colapsan. Gente de pie, gente ocupando los pasillos, gente sentada sobre las rodillas de otros. Nadal es una cita de honor para el deporte argentino, y quizás por eso el mallorquín recibe con una sonrisa y amabilidad hasta las preguntas más insólitas
-¿Te interesaría probarte como maquillador gay?
La chica lleva micrófono, lo que no significa que sea periodista, o que esa tarde pretenda actuar como tal. Trabaja en un programa de televisión que incluye aJuan Ignacio Chela, un ex tenista argentino, como presentador. Sí, sucede en Argentina: allí, muchos ex tenistas se reconvierten en presentadores de televisión o comentaristas radiales de los más diversos aspectos de la vida.
Nadal los conoce bien, por eso sabe cómo contestar.
-Hombre… Conocía la faceta de Juan de viajar con una cámara. Lo que no sabía era la faceta de maquillador gay. De momento (yo) no…
Además de sortear preguntas insólitas, en esos días argentinos le dolíó «la barriga», algo que le sucede con cierta frecuencia. «Tomé lo que me dio el doctor, pero no sé muy bien qué tomé», explicó con sinceridad casi adolescente el Nadal que buscaba un título y volver a recordar quién fue.
No sólo se fue sin ninguna de las dos cosas, sino que se llevó además el recuerdo de Toni Nadal, su tío-entrenador, protagonizando uno de sus periódicos ataque de sinceridad. Llamativo ataque, podría agregarse, aunque tratándose de él, lo de llamativo sobra: si desde siempre alguien contraprogramó y fue por libre en todo el esquema comunicacional y de relaciones públicas de los Nadal, ése es Toni.
Rodeado por cientos de argentinos ya entrada la noche porteña, el entrenador delnueve veces campeón de Roland Garros dio una charla tan abierta como espontánea. La pregunta lanzada desde el público fue si su sobrino no debería cambiar de entrenador para relanzar su carrera. Toni no eludió el tema, aunque, visto lo que dijo, quizás hacerlo era más sabio: «He tenido la suerte de ser su tío, con lo que le ha costado mucho más cambiar de entrenador. Esto ha sido para mí más fácil, porque si no hubiera sido su tío probablemente ya me habría sustituido».
También añadió que a su sobrino «toda la vida le ha gustado mucho más el fútbol que el tenis» -cierto- y confesó que le habría gustado que la mítica derecha de devastador top spin de Nadal no existiera. Querría verlo pegar como Federer: «A mí me hubiera encantado toda la vida verle pegar el drive por delante, que es como lo practicamos toda la vida de pequeño».
Si ese drive se convirtió en base del juego de Nadal, fue porque el propio jugador lo decidió siguiendo una máxima que marcó su carrera: esto no se trata de jugar bonito, se trata de ganar.
Más allá de haberlo hecho jugar como zurdo pese a ser diestro -«a lo mejor si hubiera jugado con la derecha habría sido mejor, yo no lo sé», confesó alguna vez Toni Nadal, el foco del tío más famoso de la última década en España fue otro.
«La voluntad se enseña igual que un drive. Yo creo que en la vida lo principal es el dominio de la voluntad (…) he sido un entrenador más preocupado de la cuestión del carácter que de la cuestión técnica».
Si hoy es el carácter lo que le está fallando a Nadal -el virus de la duda anida en su tenis ahora-, y el propio entrenador admite que en condiciones normales habría sido sustituido… ¿cómo sigue la historia?
Sólo los Nadal saben eso, aunque sí hay datos de cómo empezó a gestarse el Nadal dubitativo. Si durante años la mente se impuso a un cuerpo que cada temporada le regalaba una lesión grave, desde 2014 esa mente claudicó, se agotó, se rindió ante el desgaste de tanta lucha interna.
La fecha clave es el 26 de enero de 2014, el día de la final del Abierto de Australia ante el suizo Stanislas Wawrinka. Aquella noche en Melbourne es inolvidable, porque Nadal tenía al alcance de la mano ganar su por entonces decimocuarto título de Grand Slam. Sí, al alcance de la mano, aunque afirmar eso suene temerario: 12 veces había jugado el suizo con el español, con 12 derrotas y ni siquiera un set ganado.
Hay que volver siempre a ese partido para entender el Nadal de hoy. En esa final de Australia sufrió como nunca al comprobar que un extraño bloqueo de espalda le impedía jugar. Tan superior era el Nadal de entonces que sin poder rotar al impactar la pelota y sacando con la potencia y colocación de un jugador de los sábados en el club, se las arregló para ganarle el tercer set a un Wawrinka doblemente aterrorizado: miedo a ganarle a Nadal y miedo a perder un partido que no podía perder.
Un rato antes, Nadal se había ido al vestuario en desventaja de 6-2 y 2-1 para ser atendido. Al volver, algo inusual sucedió: serio, muy serio, y con el torso desnudo, reingresó al Rod Laver Arena para recibir la silbatina de buena parte del público. No les gustaba lo que veían.
A Nadal no le gustaba lo que estaba pasando. Aquel 2014 fue muy duro en lo mental para él: nunca se perdonó haber perdido aquella final. Ganó cinco meses después su noveno Roland Garros y décimo cuarto grande apelando a las reservas, la historia, el aura, el nombre, pero en la segunda parte del año su cuerpo colapsaría: un llamativo principio de apendicitis que no le impidió jugar en China y luego un tratamiento con células madre para esa espalda que se le bloqueó ante Wawrinka. La espalda que le impidió cerrar el año con 15 grand slams en las alforjas, defender el número uno que había recuperado espectacularmente en 2013 tras siete meses sin jugar por lesión y quién sabe si impedir el inicio de la era Djokovic que vive el tenis hoy.
Así llegó Nadal a 2015, con aquel partido con Wawrinka martirizándolo con frecuencia. Gran inicio con el título en Doha y derrota ante Berdych en los cuartos de final de Australia. Lesionado, sí, pero se negó a admitirlo y prohibió a todo su equipo que mencionara el tema. Dos semanas después Buenos Aires lo trató como no lo había hecho en 2005, porque se llevó el título con autoridad y cierta comodidad: cuatro victorias ante jugadores fuera de los 50 primeros del mundo.
Pero Nadal sabía que se hacía trampas al solitario. Algo no estaba bien. Ya se había estado quejando del asunto días antes en Río de Janeiro.
«Hostia, tío, no sé qué me sucede. Me caigo físicamente, no aguanto, tengo bajones». El comentario era recurrente cada vez que se subía a la mini-van tras sus partidos en el torneo carioca. El desborde tropical del Jockey Club de Gavea, con su campo de golf aprisionado entre los morros y el mar, fue testigo de un Nadal que comenzó a hacer cosas impensables en él. Entre ellas, perder partidos ganados ante uno de los jugadores más talentosos e inconsistentes del circuito, el italiano Fabio Fognini.
Fue el inicio del año que lo vio penar en los Grand Slam, perder partidos imposibles y cerrar la temporada como número cinco del mundo. Quinto del ranking mundial: un sueño para el 99,99 por ciento de los tenistas nacidos y por nacer, pero una pesadilla en el contexto de lo que fue Nadal.
Lo que fue Nadal. ¿O lo que es? Porque vuelve la pregunta. ¿Está acabado?
Si sigue jugando es porque el propio Nadal cree que no. Tiene una historia formidable que lo respalda. Siempre que el cuerpo falló, volvió. El problema es que esa historia es hoy diferente. Su lesión es, si se quiere, espiritual. Se le diluyó esa memoria ganadora que lo impulsaba y hacía salir con ventaja en cada partido. Está en los libros y en stand-by. Podría recuperarla. O no. Llegar a la final del 5 de junio en París y sumar su décimo Roland Garros aparece como la única forma de curar esa herida emocional que está demoliendo su tenis. ¿Y si no llega?
Si no llega, si el 3 de junio celebra sus 30 en Mallorca en vez de en París como se había acostumbrado a hacer, la pregunta crecerá en intensidad, la escuchará una y otra vez. ¿Está acabado Nadal? Ni siquiera él lo sabe. Aunque antes de caer en Buenos Aires dejó un comentario: «La frase de ‘a ganar se aprende ganando’ es bastante correcta».
Mientras el deporte español envejece, su gran esperanza se hace fotos en el lobby de un hostal de moderneo juvenil en Barcelona. Si algún atleta español va a convertirse pronto en un icono mundial, es ella. Está posando en un sillón cuando sale del ascensor un grupo de estudiantes alemanes, que se sientan a su alrededor como si la deportista y el fotógrafo fueran dos turistas más. Él les esquiva como puede. Ella se ríe ante la repentina invasión. Entre tanto, los responsables del establecimiento me preguntan por tercera vez quién es la chica del reportaje. Un chaval inglés nos oye y se lo explica. Es Garbiñe Muguruza. Es la futura reina del tenis.
El tiempo no perdona y los referentes de la mejor época del deporte español (Nadal, Gasol, Alonso…) enfilan su última etapa. Se buscan nuevos ídolos en un escenario donde las mujeres han asumido el mando (11 de las 17 medallas en los Juegos de Londres 2012 fueron femeninas). Hay más candidatas. Mireia Belmonte y Carolina Marín son superestrellas en natación y bádminton, pero Muguruza tiene una ventaja colosal para convertirse en el nuevo rostro de nuestro deporte a nivel mundial: es tenista.
El tenis es el fútbol del deporte femenino. El rey. Según Forbes, seis de las siete deportistas que más dinero ganaron en 2015 eran tenistas. Ésa es la élite en la que Garbiñe entró como un ciclón el año pasado al alcanzar la final deWimbledon. Y ya no frenó. Empezó el curso como la 21 del mundo y lo acabó tercera (ahora es cuarta) y con 4,5 millones de euros en premios. El triple que en toda su carrera anterior.
Con 22 años, es la más joven del Top 10 y en el circuito tenístico le han asignado un título nobiliario: es la heredera. La futura número 1 del mundo.
Se da casi por hecho que cuando acabe el reinado de Serena (34 años), llegará el de Garbiñe. Sin presión…
Sí, últimamente he oído mucho eso de «vas a ser la número 1». Es gracioso porque cuando me lo dicen respondo cortada, en plan «bueno, ojalá, a ver si puedo…». Pero soy muy ambiciosa y lo tengo en mente. No sé si llegaré a ser la número 1, ¿pero qué mejor que creértelo?
¿Te agobia?
Cuando la gente te lo dice, te pone un peso extra encima. Me alegro de que me vean así, pero ¿heredera de qué? Ha ido todo muy rápido, no ha pasado ni un año desde el boom y es un shock repentino. Pero que me vean como la heredera del número 1 me parece ideal, eh. Tampoco nos vamos a quejar (risas).
Garbiñe acude a la entrevista acompañada por su madre, Scarlet Blanco, y ambas coinciden en que la vida de la tenista ha cambiado mucho desde Wimbledon. «No suelo viajar lejos con ella porque me da miedo el avión, pero me animé a ir a Miami y fue impresionante. Era la favorita de todos los latinos y la grada estaba llena de pancartas de ánimo y banderas de España. Eso hace un año ni lo soñábamos», explica Blanco, mucho más expansiva que su hija.
La tenista es amable y educada, pero mide las palabras como si llevase 15 años en la élite. No es un accidente, es una decisión de quien forma parte de la escuadra de IMG, una de las agencias de representación más poderosas del mundo. «Ahora estoy más expuesta, todos me observan. Es el precio del éxito. A ratos lo disfrutas y a ratos lo sufres. Agota, estresa… Pero me encuentro en una posición fantástica y no me voy a quejar», razona la joven adulta.
En la música se dice que el segundo disco, el que sigue al éxito inicial, es el más difícil y el 2016 de Muguruza está siguiendo ese patrón. Lleva una temporada irregular, con momentos de crisis televisada como el llanto en segunda ronda de Indian Wells, cuando no se veía capaz de acabar el partido. Ella se lo toma con naturalidad: «Tras un subidón… viene el bajón. Soy muy competitiva y a veces te sientes ansiosa y frustrada. Pero todo irá mejor». Sin embargo, los especialistas tenísticos señalan que su emotividad es lo único que podría frenarla.
¿Coincides en que la parte mental del juego es tu punto flojo?
No del todo. Soy muy emocional. Vivo mucho el tenis y es difícil que las emociones no perjudiquen a veces al juego. Pero creo que es bueno y sólo tengo que aprender a gestionarlo mejor. Y ya lo estoy logrando. El tenis es competir contra una misma y a menudo eres tu peor enemiga. Estás sola y tienes que saber convivir con el error; aceptar que vas a fallar un montón de veces. Soy una jugadora que asume muchos riesgos, así que tengo poco margen de error. Es mi estilo y no voy a cambiar.
A los periodistas nos encanta comparar a las nuevas estrellas con las del pasado. Desde su irrupción, Muguruza y, en menor medida, Carla Suárez (11 del mundo mientras escribo), han soportado ser las nuevas Arantxa Sánchez Vicario yConchita Martínez. «Yo encantada de que me comparen con jugadoras de ese nivel, pero es que no nos parecemos en nada», se ríe Garbiñe.
Conchita es ahora su entrenadora cuando juega la Copa Federación con Españay también está hastiada de la búsqueda de sucesoras: «Son taaaaantos años con esa historia. Son jugadores únicas, muy diferentes a nosotras. Nuestro tiempo pasó y su irrupción es importantísima para el tenis femenino, lo necesitábamos».La única campeona española en Wimbledon cree que Garbiñe puede unírsele pronto: «Le está costando un poco controlar los instantes de máxima tensión, pero lo logrará. Va a ser una gran estrella. Es muy refrescante este boom de los éxitos femeninos. España tiene que estar tremendamente orgullosa de sus deportistas».
El ascenso de la mujer a la cima del deporte español tiene baches y Garbiñe los sufre, con comentarios sobre su cuerpo aderezando muchas crónicas de sus éxitos. Cuando acordamos esta entrevista, lo primero que pregunta es cuántos modelos diferentes de ropa tiene que llevar para las fotos. Le sorprende que un reportaje tan largo no implique convertirla en modelo. «Es la costumbre… Lo peor es que a mí me gusta hacer esas producciones y no las voy a dejar de hacer. Me encantan el maquillaje y la moda, no veo el problema. Y cuando me hago ese tipo de fotos, me parece normal que se hable de mi físico. Pero cuando juego al tenis, que se hable de tenis. Son cosas separadas», explica.
¿Notas sexismo en el trato que se da al deporte femenino?
Sí lo he sentido a veces. Por desgracia es lo que más tira todavía, esa parte más morbosa. Las piernas, las faldas… Eso vende más que el deporte. A veces, ves las fotos que ponen en las noticias de deportistas mujeres y… Por desgracia, no está en nuestras manos cambiarlo, aunque confío en que lo hará con el tiempo. Espero que se normalice el éxito de las mujeres y dejen de fijarse en que «además de jugar bien es mona». Se va suavizando, pero aún queda.
En el tenis ha habido polémica con este tema porque tanto Djokovic como el director del torneo de Indian Wells, que dimitió luego, han afirmado que las jugadoras merecéis ganar menos dinero que los hombres.
No entiendo por qué Djokovic hizo esas declaraciones. No se puede negar que una final masculina todavía llena más un estadio que una femenina, salvo excepciones. Pero eso ha ido mejorando mucho. Antes las mujeres ganábamos menos dinero y eso se ha igualado bastante. Es fantástico porque tiene que haber igualdad sin lugar a duda. No somos menos.
¿Te molesta tener que responder en muchas entrevistas si tienes novio, si piensas tener hijos…?
No, me da igual porque soy muy abierta. Aunque prefiero hablar de tenis, claro.
Son preguntas que rara vez se le hacen a un hombre deportista.
Es posible. Pero, mira, no soy ninguna superwoman. Soy una chica normal con aficiones normales, unas que tradicionalmente se asocian a mujeres y otras a hombres. Eso se ha quedado viejo. Me encantan los coches [llega en un impecable Porsche todoterreno tuneado por ella misma] y cocinar, aunque monto unos líos descomunales. Hago mucho turismo cuando viajo a los torneos y me gusta comprar ropa… Y, por contagio de mis hermanos y de mi padre, soy una loca de las pelis de terror y de acción. Cuanta más sangre, más tiros y más ruido, mejor.
Te has convertido en un imán para las marcas. Eres la primera mujer embajadora permanente de BBVA; Stella McCartney diseña toda tu ropa para Adidas (es la tenista mejor pagada por la marca alemana) y la WTA (organización mundial de tenis femenino) os utiliza como imagen a ti y a Serena mucho más que al resto. ¿Despista todo este despliegue?
Para nada. No todo te lo puedes tomar como presión porque entonces no puedes vivir. Son cosas guays que te pasan, sin más. Es genial que me den estas oportunidades.
Garbiñe, superstar. Decía el tío de Spiderman que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad…
Que te vean como un ejemplo es lo máximo. Cuando se me acerca una niña y me dice que quiere jugar como yo, me emociono. Es cierto que cuanto más éxito, más responsabilidad. Tienes que hacerlo todo bien porque mucha gente te observa todo el rato. Es difícil porque no eres perfecta. Yo quiero que las mujeres se identifiquen conmigo porque ven a una chica normal que se sacrifica por sus sueños y los alcanza. Eso es lo que motiva a la gente, no una derecha paralela y un trofeo.
Sin la autoridad de antaño, pero aún vivo y poderoso sobre la tierra, Rafael Nadal ganó ante Gael Monfils su noveno título en Montecarlo. El ‘número cinco’ del mundo se impuso tras dos horas y 46 minutos, en una final dura, intensa, que definió gracias al poder físico, a su enorme solvencia en la superficie y en particular sobre un escenario del que disfruta como en ningún otro. Su vigesimoctavo Masters 1000, con el que iguala el registro de Novak Djokovic, llega en el lugar donde logró el primero, hace 11 años. Es su primer torneo de esta jerarquía desde que ganó en Madrid hace dos cursos. Cerca de ingresar en la treintena, Nadal arranca con éxito la temporada europea de arcilla, dispuesto a recuperar la pujanza perdida en las últimas temporadas.
Montecarlo lanza el mensaje de un jugador que no ha perdido un ápice de tenacidad y convicción, que mantiene el apetito intacto y un tenis de indiscutible vigencia sobre arcilla. La semana próxima disputará el Conde de Godó, al que seguirán Madrid y Roma, antes de Roland Garros. Difícil será ningunearle en cualquiera de estos torneos, donde ha construido parte de su grandiosa historia.
Continuas alternativas
Monfils planteó más dificultades de las previstas. En un partido de continuas alternativas, se hizo sitio a partir de un tenis que combinó la paciencia con su naturaleza impulsiva. Algo ayudó Nadal, carente de profundidad en algunos momentos, debilitado por la falta de acierto con el primer servicio. Llegado el último set, metidos ambos en una pugna eminentemente física, el francés emitió señales definitivas de fatiga. Cometió dos dobles faltas en el segundo juego y dejó que el español se escapase, esta vez ya sin remedio.
Hasta entonces, sus signos de rendición fueron sólo aparentes. Se sobrepuso a la pérdida del primer set con una doble falta y salió airoso de las idas y vueltas que se reprodujeron en el segundo. En su tercera final de un Masters 1000, tras perder en Paris-Bercy en 2009 y 2010, el francés, de 29 años, se mostró más estable de lo que acostumbra, decidido a buscar el que tal vez hubiera sido el triunfo más importante de su vida.
La final fue más final de lo que hacían suponer los precedentes: el francés no había ganado un solo parcial en las cuatro ocasiones que ambos se vieron sobre arcilla. Tuvo el ocho veces campeón problemas con el primer servicio y, consiguientemente, a la hora de iniciar la jugada.
Desgaste brutal
En el set inicial, sólo ganó el 29% de los puntos con el segundo saque. Monfils es un jugador elástico, dinámico, con tendencia a moverse por arrebatos; cuando entra en una inercia positiva se convierte en peligroso. Sorprendió el descuido en un momento crucial, porque después de haber recuperado dos servicios perdidos, de ir por detrás en el marcador, daba la impresión de que al menos llegaría vivo hasta el desempate.
Nadal le sometió a un desgaste brutal. La falta de acierto con el servicio hacía perder iniciativa al español, le impedía mandar con su golpe derecha como acostumbra. Monfils encontraba con facilidad su revés, equilibrando de ese modo los intercambios. Se sostuvo así e igualó el partido en el segundo set, pero ya no daría más de sí. El último fue un paseo para Nadal, incombustible, firme, vigoroso hasta suscribir el triunfo con uno de sus golpes señeros, ese ‘passing’ de derecha paralelo con el que puso el colofón a una formidable lucha.
Un total de 51 millones de italianos están llamados este domingo a las urnas para participar en un referéndum que tiene como objetivo limitar la explotación de los yacimientos petrolíferos marinos que se encuentran dentro de sus aguas territoriales, es decir a menos de 12 millas de la costa italiana (unos 22 kilómetros).
En concreto, los italianos deberán decidir si desean modificar la ley vigente, aprobada en el año 2006 y que permite que las plataformas petrolíferas existentes puedan continuar operando hasta que el yacimiento se agote. Es decir, si quieren poner una fecha de caducidad a dicha explotación. O si por lo contrario, prefieren votar “no” a la reforma de la ley, y dejarla tal y como está.
El problema es que el referéndum sólo resultará válido si vota la mitad más uno de los italianos llamados a las urnas, algo que no está claro que suceda. Los colegios electorales abrieron a las 7.00 horas y cerrarán a las 23.00 horas.
En la actualidad existen 44 concesiones en Italia que gestionan un total de 48 plataformas petrolíferas ubicadas dentro de las aguas territoriales italianas. Según la legislación vigente, las concesiones tienen una duración inicial de 30 años, prorrogables primero por otros 10 años y en otras dos ocasiones por cinco años más. A partir de entonces, las compañías que explotan el yacimiento pueden solicitar la continuación de la explotación hasta agotarlo.
Asociaciones ecologistas como Greenpeace y WWF han protagonizado diversas movilizaciones y campañas a favor de la participación en el referéndum -ya que la abstención es uno de los principales riesgos-, y a favor de votar “sí” a la modificación de la ley para así evitar posibles “riesgos ambientales y sanitarios”.
Dichas organizaciones admiten que es difícil que en Italia suceda una catástrofe ambiental de la magnitud de la ocurrida en el Golfo de México en verano de 2010, cuando una plataforma explotó vertiendo al océano 780 millones de litros de crudo, pero alertan que es posible un desastre ambiental si se produce un mal funcionamiento en una de las plataformas.
Coincidiendo con la celebración del referéndum, Greenpeace publicó esta semana un estudio realizado por ISPRA, el Instituto Superior para la Protección y la Investigación, que ponía en evidencia la existencia de agentes contaminantesentre 2012 y 2014 que superaban los niveles establecidos por la ley en plataformas petrolíferas que se encuentran en aguas territoriales italianas. Pero más allá de eso, las asociaciones ecologistas insisten en que el referéndum tiene como objetivo mandar una señal al Gobierno a favor de una política que apueste por las energías renovables.
Los partidos políticos han tomado posiciones muy diversas ante el referéndum. A favor del “sí” -es decir, de que se modifique la ley y se limite la explotación de los yacimientos petrolíferos- se encuentran la mayor parte de los partidos de laoposición: desde formaciones de izquierda ecologista, hasta la derecha más conservadora de la Lega Nord, de Matteo Salvini, o el Movimiento 5 Estrellas, de Beppe Grillo. Esto ha hecho que muchos consideren que el referéndum no es una consulta ambientalista, sino contra el Gobierno del primer ministro Matteo Renzi.
El referéndum ha sido convocado por primera vez por diversos Gobiernos regionales. En concreto, los de Basilicata, Marche, Apulia, Cerdeña, Véneto,Calabria, Liguaria, Campania y Molise.